Blog Hablemos en Familia

Categoría: Artículos     01 junio, 2014

Papi, ¡tú eres mi héroe!

Si bien es cierto que el niño casi de manera natural e inmediata tiene un enganche emocional con la figura materna, la relación con el padre no deja de tener importancia. Por el contrario, cuando asume su rol adecuadamente, complementa esta relación indispensable para el desarrollo emocional del niño.

Hasta hace unos años en nuestra cultura el padre cumplía el rol de  proveedor del hogar. Esto ha ido cambiando con el tiempo, pues, a medida que la mujer ha ido logrando su independencia y, por lo tanto, ha tenido que ausentarse del hogar, el padre moderno ha ido dejando de lado actitudes machistas para comprometerse cada vez más en la labor formativa de los hijos.

La imagen inicial del padre es la del héroe capaz de arreglar cualquier juguete, de atender cualquier enfermedad, de responder cualquier pregunta; simplemente el padre es el héroe del niño. Esta imagen del papá héroe se va transformando con el paso de los años. El niño, que ahora es púber, se da cuenta de que el papi no siempre lo sabe todo, ni lo soluciona todo ni lo arregla todo; se va haciendo más real.

Al llegar a la adolescencia, la imagen paterna vuelve a cambiar y simplemente el joven piensa… “¡¡¡Mi papá no sabe nada!!!!”.  Y realmente así lo cree. Sin embargo, pese a esta idea, si el padre ha establecido adecuadas relaciones con su hijo y le ha demostrado ser una persona justa, íntegra y confiable, muy probablemente el adolescente recurra a él en caso de necesitar su consejo. Cuando finalmente llegamos a la adultez, nuestro padre ya está añoso. Esta vez la imagen se transforma en la de un hombre cargado de experiencia, con virtudes y defectos como los de cualquier mortal, con temores y ansiedades propias de nuestra especie y completamente digno de nuestra admiración, además, por supuesto, de nuestro amor.

Pero ¿qué hay de la imagen de aquellos padres que  viven ausentes de la vida de sus hijos?  Sus hijos no los amarán ni respetarán solo por el hecho de ser sus padres; el amor y el respeto deben ganarse. Si el padre en el curso de los años no estuvo atento a las necesidades del hijo y, por el contrario, se mostró distante y despreocupado, no se ganará este derecho. Pero la atención no es suficiente; es importante evidenciar una conducta sólida, ser justo con los hijos y con los demás, ser capaz de reconocer sus propios errores y los aciertos de los otros sin mezquindad. Solo así estaremos creando una imagen digna de admiración y respeto, solo así el hijo querrá emular a este hombre y lo imitará. Recordemos que nuestros patrones de conducta son forjados por los modelos que tenemos en nuestro entorno más cercano, nuestra familia… nuestros padres.  

Ahora ya adulta, sé que mi padre no fue un superhéroe, que tuvo muchos defectos y virtudes, y que, aunque su presencia a veces me fastidió, siempre estuvo ahí para mí, vigilando cada uno de mis pasos y celebrando cada uno de mis logros. De mi padre aprendí a ser considerada con los demás, a amar a los animales, a compadecerme del dolor ajeno, etc.

A través de los años, su imagen frente a mí cambió, y aun cuando ya no lo tengo conmigo, veo en él cada vez más al hombre sabio que cada padre debe ser para su hijo.

Preguntas frecuentes:

¿Cómo debo hacer para que mi hijo adolescente obedezca y me respete?

Es importante recordar que el respeto de los hijos en cualquiera de sus edades es un trabajo que empieza con el nacimiento de ellos. Los hijos no se convierten en irrespetuosos de la noche a la mañana, sino que es un proceso en el cual se han descuidado algunos aspectos, como el respeto mutuo. Los hijos deben sentir que son respetados por sus padres en todo momento. Para ello, es importante hablarle con cariño y consideración, aun cuando esté molesto y deba elevarle un poco el tono de voz. La empatía del padre hacia el hijo es importante; recordemos sintonizar con sus emociones y sentimientos siempre. Los padres deben demostrar interés en las preferencias y gustos de sus hijos. En la medida en que el padre demuestre respeto, empatía e interés, será también merecedor del respeto de ellos.

¿Cómo establecer una relación saludable con mis hijos si no vivo con ellos?

Es fundamental tener presente que en la separación o divorcio se disuelve el vínculo de pareja, mas no el de padre-hijo; por lo tanto, es necesaria la presencia física y emocional de ambos padres en la vida de los hijos. Recuerde cumplir con los ofrecimientos que les hace (sean promesas o castigos); organice su tiempo de manera adecuada para evitar “fallarles”. Es recomendable que en el tiempo compartido con el padre ausente del hogar, se continúen los patrones de conducta que se desarrollan en casa; de esta manera habrá una continuidad en el establecimiento de pautas y en la conducta de los hijos. El tiempo compartido entre el progenitor ausente y ellos no solo debe ser de divertimento, sino  de formación. Para ello, haga uso de un tiempo de calidad, en el que se procure el desarrollo, crecimiento y disfrute de sus hijos, y también el suyo.

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